Más allá del salario mínimo: los sindicatos averiados

-Vigésimo noveno comunicado-

La discusión del salario mínimo ha cobrado relevancia con justa razón. El salario mínimo poco a poco ha perdido sentido como reivindicación social, ya que ha disminuido significativamente en términos reales en los últimos 30 años, a pesar incluso de que la productividad ha aumentado. Esto impide que el salario mínimo cumpla con su propósito constitucional de permitir una vida digna a los trabajadores y sus familias. Lamentablemente, las condiciones actuales del salario mínimo son consecuencia del arreglo y la colusión entre sindicatos corporativos y organizaciones patronales, con el apoyo entusiasta del gobierno.

Normalmente, los salarios se establecen mediante una negociación entre empresarios y trabajadores, mientras que el papel del gobierno es el de permitir que estas negociaciones se lleven de forma equitativa, asegurando que los trabajadores tengan una representación justa de sus intereses. De ahí la existencia tanto de los sindicatos como de los grupos empresariales, ambos tipos de organizaciones reconocidas institucionalmente. No obstante, las instituciones actuales no sólo no permiten una negociación equitativa, sino que ni siquiera garantizan la verdadera representación de los intereses de los trabajadores.

Por una parte, la gran mayoría de los sindicatos en México son de carácter corporativo o de “protección patronal” y autoritarios, por lo que los trabajadores no están realmente representados. Esta situación se ampara en una legislación ambigua y parecería ser tolerada abiertamente por el gobierno. Muchos sindicatos son “fantasmas”, tienen dirigentes vitalicios que no fueron elegidos ni reelegidos de forma democrática; e impiden la formación de otros sindicatos, entre otras prácticas. Todas estas situaciones van en contra de una auténtica representación de los intereses de los trabajadores, además de que la consabida corrupción y poca transparencia de muchos dirigentes sindicales tiende a deslegitimar a estas organizaciones frente a la sociedad. Lo anterior, más otras prácticas comunes para socavar la sindicalización (incluyendo la violencia física), explican por qué sólo una pequeña fracción de los trabajadores se encuentran sindicalizados (menos del 10% de la población económicamente activa cuando en países similares alcanza porcentajes mucho más altos). El corporativismo y los sindicatos de protección han dejado al trabajador mexicano básicamente indefenso.

Por otra parte, es claro que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, institución donde se establecen de manera opaca y supuestamente tripartita (empresa, sindicatos y gobierno) los aumentos salariales, no incluye una auténtica representación de los intereses de los trabajadores. Esto es así porque los sindicatos presentes en dichas negociaciones, en su gran mayoría, no son más que grupos clientelares del gobierno en turno y que, en general, no representan a los trabajadores de menores ingresos. Por eso no nos extraña el pronunciamiento publicado por la Secretaría del Trabajo y Previsión Socialfirmado por los representantes de los “sectores obrero, patronal y del Gobierno de la República” que se congratulan por las recientes reformas y llaman a una discusión salarial dentro de “los marcos legales e institucionales establecidos” (sic), es decir, dentro de la misma comisión que por años ha socavado los ingresos de los trabajadores mexicanos.

Es por ello que en Democracia Deliberada llamamos no sólo a discutir el salario mínimo, sino también a discutir cómo fortalecer los medios de representación y organización de los trabajadores, para que tengan el poder para negociar sus salarios con los patrones, sin tener que ser reprimidos por clientelas, por el gobierno, o incluso por grupos de choque pagados por los patrones. Además, es necesario abrir la discusión del salario a la sociedad más allá de una oscura comisión, pues los trabajadores son el principal motor de la economía del país y por eso mismo deben tener voz en esta discusión.

Es claro que se requiere de una verdadera reforma laboral, como lo planteamos anteriormente, que transparente y democratice a los sindicatos y permita el surgimiento de nuevas organizaciones de trabajadores. Lo que se requiere son más sindicatos, más democráticos, más independientes y con un mayor número de afiliados. De esta manera se fomentaría la competencia y cooperación entre sindicatos para obtener las mejores negociaciones y las mejores prestaciones para los trabajadores. Asimismo, es urgente eliminar mecanismos como la “toma de nota” y “la cláusula de exclusión” que suelen ser usados para controlarlos políticamente, para eliminar a la disidencia sindical y para crear sindicatos blancos. En otras palabras, se ha limitado el poder de negociación de los sindicatos ante las empresas y el gobierno por medio de reducir al mínimo la autonomía sindical.

Del mismo modo, se requiere transformar a la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI) para que sea un órgano que recomiende con base en criterios técnicos, claros y transparentes, el aumento de los salarios mínimos. También sería deseable otorgarle la facultad al poder legislativo para que apruebe, modifique o rechace dichos cambios. Pasar al poder legislativo esta decisión permitiría a los partidos políticos representar directamente los intereses de los trabajadores no sindicalizados, que dicho sea de paso son la mayoría, además de que promovería una mayor participación de los sindicatos en la vida democrática del país. La transformación de la CONASAMI también debe incluir cambios en los tiempos de permanencia del comisionado. Es inaceptable que el actual comisionado Presidente lleve en el cargo 20 años, justo dos tercios del periodo en el que más se ha deteriorado el valor adquisitivo de los salarios. La CONASAMI debe desaparecer o transformarse para que deje de ser el yugo del salario de los trabajadores, ya que hasta ahora sólo parece obedecer a los intereses patronales y a las posiciones más dogmáticas de nuestros tecnócratas.

No transformar los elementos institucionales que han impedido que los incrementos en la productividad se trasladen al salario, lo que ha aumentado la desigualdad social, significa condenar a los trabajadores a tener siempre minisalarios. Incluso si hoy se lograra aumentar el salario mínimo, es posible que eventualmente éste sea contenido a capricho de los acuerdos entre el gobierno y los empresarios. La batalla no sólo es por el nivel del salario mínimo, es también por las herramientas de negociación que permitan la democracia y el empoderamiento de los trabajadores frente al poder del sector patronal: más sindicatos y mejor representación. Por eso declaramos que todos aquellos que se nieguen a permitir sindicatos democráticos e independientes, a fortalecer la representatividad de los trabajadores y a aumentar su poder de negociación, serán nuestros adversarios políticos.

Democracia Deliberada
Corriente política del PRD

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