9 mitos sobre el impuesto a la herencia

Comunicado publicado originalmente en Animal Político el 30 de junio de 2016.

Hace unas semanas hicimos la propuesta de un impuesto a la herencia que ayude a combatir la desigualdad, recaudar más y mejor, fragmentando la concentración extrema de la riqueza que hay en nuestro país. Hemos leído y escuchado gran variedad de mitos y dudas genuinas al respecto. Aunque todavía no hay propuesta legislativa concreta del impuesto, la cual impulsaremos, podemos responder a muchos de estos cuestionamientos. Aquí damos algunas respuestas quedando abiertos al debate público, respetuoso e informado al respecto de nuestra propuesta.

1.   En México ya se pagan muchos impuestos, no hace falta recaudar más

Falso. El país no gasta lo suficiente para sacar a muchos mexicanos de la pobreza y, con ello, reducir la desigualdad. De hecho, México recauda muchísimo menos de lo que recaudan otros países de América Latina. Argentina, Brasil, Uruguay, Costa Rica, Chile y Ecuador recaudan muchos más impuestos que nosotros.

Sabemos que hay contribuyentes cautivos, pero entre ellos hay disparidades. La tasa del ISR para los profesores universitarios es la misma que tendría que pagar un multimillonario como Germán Larrea. Sí, quizás alguna parte de la población paga mucho en impuestos, pero los 16 multimillonarios que hay en México no pagan lo que deberían.

2.   Es necesario primero gastar mejor y evitar la corrupción antes de poner otro impuesto

Falso. Reconocemos que México tiene un severo problema de mal gasto público y de corrupción. Sin embargo, necesitamos gastar más en cosas como educación, salud e infraestructura, para superar la pobreza y eso se puede hacer al mismo tiempo que combatimos la corrupción y mejoramos el gasto.

Al contrario a la percepción de muchos, el gasto público es relevante para pagar servicios públicos tan básicos como las escuelas y vacunas de nuestros hijos, el servicio subsidiado de electricidad, las carreteras, los caminos, el alumbrado público, el servicio de recolección de basura, el seguro popular y muchos programas sociales. Y, a pesar de que existan estos servicios, hace falta mucho por hacer para reducir la proporción de la población que vive en pobreza o con vulnerabilidades a falta de seguridad social.

En especial, proponemos que lo que se recaude de este impuesto esté dirigido a un programa social en específico y no a la bolsa general del gobierno. Por ejemplo, que vaya a programas de guarderías (desarrollo infantil temprano) en zonas de escasos recursos o que sea destinado a mejorar las posibilidades de muchos para ir a la escuela.

Además, aquellos que pagaron el impuesto pueden volverse ciudadanos más vigilantes de cómo se gasta el presupuesto público y eso puede reducir la discrecionalidad de muchos políticos y gobernantes cuando usan el dinero de nuestros impuestos.

No todo el presupuesto se va en corrupción y en sueldos de altos funcionarios y para reducir la pobreza no es suficiente con sólo mejorar la productividad y el crecimiento.

3.  La clase media ya paga muchos impuestos

Las clases medias no pagarán el impuesto a la herencia que proponemos, aunque reconocemos que los pocos mexicanos de clase media sí pagan una proporción importante de sus ingresos en impuestos.

Tomemos como ejemplo el Impuesto sobre la Renta (ISR). Un padre o madre de familia, que mantiene un hogar de cuatro personas y gana 6 mil pesos al mes, tiene que pagar una tasa de ISR del 16%. Ese padre apenas estaría por encima de la línea de bienestar mínimo de 5 mil 300 pesos para no caer en pobreza extrema.

Un profesor universitario de tiempo completo, con algunos años de antigüedad, con un salario promedio de 30 mil pesos al mes, gana cinco veces más que el padre de familia y la tasa de ISR que tiene que pagar se duplica hasta el 30%.

En cambio, un alto ejecutivo que gana 246 mil pesos al mes, obtiene un sueldo 41 veces más grande que el padre de familia y 8 veces más que el profesor universitario, tendría que pagar una tasa de ISR que apenas sube cinco puntos porcentuales más que el profesor universitario, es decir, 35%. Incluso, aunque haya otros ejecutivos que ganen más que eso al mes, la tasa impositiva ya no se incrementa más: 35% es la tasa máxima.

En ese sentido, una vez superado cierta línea de ingreso, es cada vez menor la proporción de los impuestos que se tiene que pagar. Por eso, sostenemos que algunos mexicanos pagan bastantes impuestos y también sostenemos que hay otros, ubicados en la parte más alta de la distribución de ingresos, que pagan muy pocos impuestos como proporción de sus ganancias en comparación de lo que paga la mayoría. A esos pocos mexicanos les correspondería el impuesto a la herencia para contribuir al desarrollo del país.

4.   El impuesto a la herencia afectará a las clases medias y los trabajadores

Falso. El impuesto a la herencia que nosotros proponemos se cobraría a quien reciba una herencia de más de 18 millones de pesos. Menos del 1% de las familias de México tiene esa cantidad y no son clase media. De hecho, es un porcentaje menor de los hogares que INEGI considera como de clase alta.

Si seguimos con las estimaciones que da INEGI, difícilmente una familia tendría más de una casa propia que heredar, la cual obtuvo con un crédito de interés social o con los ahorros de su vida. Es casi imposible que una persona de clase media tenga una casa de más de 18 millones de pesos o varias casas que valgan más que eso.

De hecho, con datos de Coneval, si consideramos a una persona que puede estar en la clase media o alta como alguien que no es pobre y sin carencias, sólo 20.5% de la población podría preciarse de ello. La gran mayoría de los mexicanos viven en pobreza o con vulnerabilidad por carecer de casa o servicios de salud. En México la clase media no tiene nada que heredar y hay muy poca clase media.

De acuerdo con el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, en nuestro país es sumamente improbable que alguien, con el esfuerzo de toda su vida, llegue a tener 18 millones de pesos. La gran mayoría apenas llega a la quincena.  De hecho, uno de cada dos mexicanos que nace en pobreza muy probablemente permanecerá pobre toda su vida. En cambio, sólo 4 de cada 100 que nacen en pobreza llegarán a acercarse a tener el dinero que se requeriría para que su hijo pague el impuesto a la herencia. La forma más probable con la que un mexicano pobre o promedio tenga tanta riqueza para heredar es que gane la lotería.

La suerte de un mexicano que nace en una casa de clase alta es muy diferente. Debido a que estos mexicanos, muy pocos, heredan grandes fortunas, la mayoría de ellos seguirán siendo así de ricos al final de sus vidas cuando tengan que heredar. Eso sucederá igual con sus hijos y los hijos de sus hijos. Nos gustaría que todos los mexicanos podamos vivir con dignidad sólo heredando, pero, en realidad, las herencias así de grandes sólo le tocarán a muy pocos.

Finalmente, sólo algunos pocos podrían ganar, en promedio, un salario mayor a 10 mil pesos al mes, lo cual les permitiría en algún momento acumular suficiente para que su riqueza supere los 18 millones de pesos.[1] No obstante, según la Encuesta Nacional Ocupación y Empleo, el 15% de la población que trabaja tiene una profesión, es decir, sólo 6.4% de la población total. Por ende, muy pocos de los mexicanos que estudiaron la universidad y hoy trabajan podrían algún día alcanzar un ingreso que quizás les daría la oportunidad de heredar más de 18 millones de pesos.

5.      El impuesto a la herencia desincentiva la inversión y el crecimiento

Falso. En muchos países del mundo que tienen impuestos a la herencia (ya sea sólo a las herencias y/o donaciones en vida) han tenido altas tasas de crecimiento y de inversión. Es el caso de países conocidos por su gasto en inversión e innovación tecnológica, como Corea del Sur, de países con altas tasas de crecimiento en diversos momentos de su historia, Estados Unidos y Reino Unido, y de países de América Latina con los que guardamos cierta semejanza como Chile. Esto implica que no hay asociación directa entre la existencia de un impuesto a la herencia y menores tasas de crecimiento y de inversión.

No está de más recordar que tanto las observaciones empíricas como la literatura económica en los últimos 20 años no han encontrado evidencia de que tasas elevadas de impuesto a los ingresos más altos dentro de la distribución tenga impacto negativo en el crecimiento económico, ni en el corto ni en el largo plazo. Por el contrario, la mayor recaudación está relacionada con efectos pro-crecimiento al financiar un mayor gasto público donde se tienen mayores retornos, como la educación, la salud y la infraestructura.
Además, el impuesto puede incentivar el crecimiento y la inversión, ya que quien no quiera pagar cierta tasa del impuesto puede invertirlo en algo productivo o puede simplemente gastarlo, lo cual aumenta la demanda y, por lo tanto, el crecimiento económico.

6.      El impuesto a la herencia no recauda mucho

Parcialmente cierto. El impuesto a la herencia no es de los impuestos que más recaudaría. Sabemos que hay otros impuestos que recaudan más, como el ISR o el impuesto predial (y que creemos que deberían ser más progresivos y cobrarse más). Sin embargo, creemos que el impuesto a la herencia es valioso por otros efectos que tiene, por ejemplo, disminuir la concentración de una a muchas más manos las riquezas más grandes, incentivar la inversión y el consumo, reducir el poder económico de algunos pocos multimillonarios sobre la clase política.

Ahora bien, la recaudación dependerá del diseño del impuesto. Nuestra propuesta también incluye donaciones en vida. En la propuesta legislativa del impuesto se definirá las tasas y el diseño progresivo del impuesto.

Estamos conscientes que después de que varias generaciones paguen el impuesto se podría recaudar menos conforme las riquezas se fragmenten, pero eso también es positivo porque entonces se habrá cumplido el objetivo de distribuir la riqueza por otra vía.

7.      Es fácil eludir el impuesto a la herencia

Parcialmente cierto. Estamos conscientes que hay varias formas de eludir el impuesto a la herencia. Sin embargo, no implementar impuesto sólo porque alguien querrá evadirlo es miope. Es claro que todo impuesto debe tener mecanismos y mejora continua para evitar la evasión fiscal y éste no es la excepción.

Ahora bien, es cierto que el impuesto a la herencia se puede eludir mediante fideicomisos o mediante fundaciones. Eso es positivo porque podría aumentar la filantropía. Un ejemplo es la creación de las fundaciones privadas que hacen grandes inversiones a la investigación, el desarrollo sostenible, los derechos humanos o a promover la transparencia y rendición de cuentas en el mundo, como la Fundación Gates, la Ford, la William and Flora Hewlett o la Knight, que hoy por hoy son las organizaciones que más recursos destinan a fortalecer organizaciones de la sociedad civil y que tienen una agenda amplia para reducir la desigualdad en el mundo.

Además, una lección que nos dieron los Papeles de Panamá es que sí, muchas riquezas se pasan de país en país buscando evadir impuestos. Ante ello México debería ser un promotor de que la riqueza que hay en nuestro país no salga sin que se paguen impuestos.
Finalmente, hay algunas cosas en las herencias que no se pueden ocultar con facilidad, por ejemplo, las propiedades, los bienes raíces, las acciones en bolsa o las regalías.

8.      El impuesto a la herencia es doble tributación

Falso. En México, los impuestos se cobran sobre ciertos acontecimientos económicos que suceden a la población y no precisamente a los objetos o a las personas en sí mismas. Por ello no hay doble tributación con respecto al pago el impuesto a la renta o el impuesto al valor agregado, ya que esos impuestos se pagan por los ingresos del trabajo o por el acto de consumir, mientras que el impuesto a la herencia estaría dirigido al acto de recibir riqueza, propiedades o ingresos que no necesariamente pagaron otros impuestos antes.

Además, debemos aclarar que la doble tributación no es un concepto usual de las leyes mexicanas sino de las leyes internacionales, es decir, que está restringido que pagues el mismo impuesto en dos países diferentes por un mismo hecho, no dentro de un mismo país.

9.   El impuesto a la herencia es injusto

Falso. No hay mejor forma de justicia que el pago de impuestos. Aunque trabajemos por obtener nuestro patrimonio y nuestros salarios, las condiciones en las cuales nuestra sociedad se organiza no permite a todos tener los mismos frutos por el mismo trabajo y esfuerzo.

Muchas de las diferencias de salario y riqueza en México no se deben al esfuerzo, sino a injustas reglas políticas, por ejemplo, un salario mínimo insuficiente o por beneficios de parte del gobierno, como las privatizaciones que terminan en manos de empresarios rentistas que nunca crearon esos negocios (como el Señor Ricardo Salinas Pliego con Tv Azteca).

Quién recibe una herencia no realizó el esfuerzo de quien acumuló dicha riqueza. Seguramente un padre quiere darles un mejor futuro a sus hijos, pero el impuesto que proponemos no impide que herede y el heredero tiene un compromiso con la sociedad en la que vive. Si él o ella ya heredaron seguramente tendrán parte de su futuro garantizado, a diferencia de muchos que no tienen nada que heredar.

Sabemos que muchos patrimonios surgieron del talento, la innovación y el esfuerzo, pero en una sociedad donde todos queremos convivir, es necesario que los que tuvimos la fortuna de tener mayor ingreso podamos apoyar para que aquellos quienes viven en peores condiciones puedan tener las oportunidades y los resultados que nosotros tenemos.

En el fondo, quienes dicen que el impuesto a la herencia es injusto, en realidad justifican un orden de cosas donde cada persona es responsable de sí misma, ignorando que las personas tienen condiciones diferentes para sostenerse. Por eso dicen que quienes proponemos este impuesto somos envidiosos, nada más falso.

Lo que olvidan los defensores de este discurso, tal vez a propósito, es que las reglas del juego deberían permitir que cualquier ciudadano, sin importar sus condiciones, pueda acceder a mayor bienestar. Por eso, es urgente elevar el piso del que parten la inmensa mayoría de los mexicanos, un acto de justicia indispensable a través de los impuestos que compense a quienes las reglas del juego han dejado sistemáticamente excluidos.

[1] Solís, Patricio (2010), “Ocupaciones y clases sociales en México”, en Serrano Espinosa, Julio y Torche, Florencia (eds.), Movilidad social en México: población, desarrollo y crecimiento. México, D.F., Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

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