El populismo fiscal ataca de nuevo

Publicado en Animal Político.

El Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO) ha hecho una propuesta fiscal que describe como “la más revolucionaria y trascendente que han hecho desde su creación en 2004” para exentar del pago del Impuesto Sobre la Renta (ISR) a más de una decena de millones de mexicanos. El IMCO argumenta que lo hace para ayudar a poblaciones vulnerables con ingresos medianos, fomentar el consumo y así potenciar el crecimiento económico. Sin embargo, su propuesta no explica los mecanismos a través de los cuales se lograrán dichos efectos. El impuesto a los ingresos y su relación con el crecimiento económico es uno de los temas más complejos de toda política fiscal. Aunque la intención es encomiable, sobre todo al poner el reflector en una población con ciertas vulnerabilidades, la propuesta es un caso claro de populismo fiscal. La propuesta, presentada justo en tiempos electorales, va en contra del impuesto más justo y redistributivo de todos, e invita a debilitar un sistema fiscal que se ha ido desarrollando con mucho esfuerzo a lo largo de los años. Un populismo fiscal que se basa en cálculos incompletos y en supuestos que han sido probados erróneos.

La propuesta del IMCO para eliminar todo pago de ISR y cuota fija a los trabajadores que ganan menos de 10 mil 298 pesos mensuales hace eco a otra propuesta fiscal adelantada por la COPARMEX a principios de agosto de este año. La COPARMEX, además de proponer eliminar el ISR a aquellos que ganan entre 7 y 10 mil pesos al mes, también busca reducir la tasa más alta para personas morales de 30% a 24%, e incrementar el IVA de alimentos y medicinas mediante la eliminación de la exención que gozan esos productos. Casi simultáneamente, Margarita Zavala hizo su propia propuesta, una sospechosamente similar, como parte de su apuesta presidencial. Zavala propuso bajar de 10% a cero el ISR a todos aquellos asalariados que ganan menos de 15 mil pesos al mes para fomentar el crecimiento económico. Eso dejaría alrededor del 80 % de los asalariados mexicanos sin pagar ISR, por lo cual solo contribuirían al gobierno a través del IVA y otros impuestos especiales. La expectativa de que disminuir los impuestos ayude al crecimiento económico de largo plazo es una suposición dudosa, pero que Zavala también toma como un hecho.

La propuesta de COPARMEX fue rechazada incluso por las autoridades de Hacienda. Sin embargo, el IMCO retomó la desaparición del pago del ISR a 15.5 millones de trabajadores, el 74 % de los registrados en el IMSS y en el ISSSTE (sin manifestarse sobre una eventual reducción de la tasa para personas morales o incrementos en el IVA) y hoy es impulsada en el Senado por Francisco Búrquez (PAN).

Esta propuesta tendría efectos negativos para las finanzas públicas del país y para la economía de los hogares por las siguientes razones:

  • Es un retroceso en términos de ampliación de la base fiscal y fortalecimiento del Estado y de sus capacidades para proveer servicios públicos que reducen la pobreza y la desigualdad. Una medida que, por cierto, los círculos empresariales solían defender antes de abogar directamente por la disminución de impuestos.
  • Debilita la frágil y relativamente pequeña recaudación no petrolera del Estado mexicano, de por sí disminuida ante la caída de los ingresos petroleros. La propuesta le quitaría casi 3 % a los ingresos fiscales no petroleros, una cantidad superior a todo el programa de atención social PROSPERA. Sin embargo, ninguna de las propuestas explica cómo compensar dichas reducciones en el largo plazo. El IMCO plantea usar los “excedentes” de recaudación para tapar ese hueco, lo cual es una solución solo de corto plazo. Este replanteamiento del gasto implicaría reducir recursos que podrían emplearse en reducción del alto endeudamiento en el que nos encontramos o de la inversión pública estratégica.
  • La propuesta de COPARMEX para hacer viable la reducción del ISR mediante un aumento del IVA a alimentos y medicinas es una propuesta de carácter regresivo porque, en términos reales, la población que se pretende ayudar (o buena parte de ella) acabaría pagando más en IVA en alimentos y medicinas de lo que ganaría por no pagar ISR.
  • Afirmar que el eliminar el cobro de ISR a este segmento de la población llevaría a un incremento en el consumo tal que el crecimiento económico o la recaudación del IVA alcanzaría a compensar lo que se dejaría de recaudar es una afirmación temeraria si no va acompañada de un cálculo detallado que la sustente. Basta leer estas reflexiones sobre los recortes en EE.UU.
  • Si consideramos que, de acuerdo al CONEVAL, el ingreso corriente per cápita del decil 9 es de apenas 5 mil 746 pesos al mes en promedio, y del decil 10 de 15 mil 334, la propuesta en principio beneficia sobre todo al decil 9 de la distribución de ingreso (eso dependiendo de la cantidad de personas empleadas en el hogar). Contrario a lo que se asegura, la iniciativa no necesariamente va a disminuir la desigualdad. El 60 % de la población en situación de pobreza del país se encuentra en la informalidad. Dicha población no paga ISR y no se beneficia de esta propuesta, por lo que la brecha entre arriba y abajo podría hacerse aún más grande. La propuesta no impacta los deciles 1 al 8 de ingreso per cápita o del 1 al 7 visto por hogar. Como resultado, es probable, incluso, esperar un incremento en la desigualdad entre la clase media y la amplia mayoría que constituye la clase baja.
  • Reproduce los presupuestos de ideas económicas falsas originada en los años setenta y ochenta (como por ejemplo la curva de Laffer). Una reducción de los impuestos no se traduce necesariamente en una mayor recaudación como efecto de un mayor consumo y/o crecimiento. Tampoco los impuestos son siempre un desincentivo a trabajar o a permanecer en la informalidad. Incluso bajo estos supuestos, una reducción de impuestos podría resultar contraproducente si aquellos que ganan un poco más de 10 mil de pesos se ven incentivados a aceptar un salario menor para evadir impuestos, fomentando así la informalidad. De hecho investigaciones recientes sobre impuestos e informalidad muestran que los cambios en los límites que son gravados no modifican la informalidad de forma agregada, solo su composición interna entre evasores, elusores y no causantes.
  • La propuesta del IMCO está acompañada de una débil propuesta de fortalecimiento al sistema de pensiones con la que aparentemente seguiría recaudando impuestos a quienes dice querer quitárselos para enviarlos a un sistema de Afores que ha funcionado pobremente y que en sí mismo merece ser revisado antes de forzar contribuciones al mismo.
  • Mientras disminuye la recaudación fiscal de los estratos medianos, la propuesta no incluye una compensación que cubra la pérdida con un alza de impuestos en los estratos de más arriba, que tendría un mayor potencial de disminuir la desigualdad en su conjunto. Esto tendría lógica incluso en su propuesta de ajustar las tasas mexicanas con las de otros países más eficientes fiscalmente. Países donde los sectores con más altos ingresos pagan una tasa que puede superar el 40 %. Sobre esa forma de redistribuir se prefiere guardar silencio. No olvidemos que México está aún muy por debajo en términos de recaudación de impuestos sobre el ingreso (3.37% del PIB) en comparación al promedio de los países de la OCDE (8.42% del PIB).
  • En México, el total de los impuestos recaudados al año representan menos del 20 % del PIB. Una cifra menor a la  del promedio de América Latina de 21.7 % (uno de los más bajos del mundo) y es aún más pequeña si se le compara con la recaudación promedio de la OCDE de 34.3 %, donde México es el miembro que menos recauda. México recauda menos impuestos que países muy por debajo del tamaño de su economía y de su nivel de desarrollo como Honduras o Haití. Eliminar el ISR no es el camino de salida.
  • Desde un punto de vista cívico más general, pagar impuestos es una de los componentes más importantes del pacto social y el ISR está al centro de ellos, sobre todo dada su naturaleza escalonada y redistributiva. Los impuestos también son una de las bases con la que el ciudadano exige cuentas a sus gobernantes. Reducir la base contribuyente también es limitar a los involucrados en el debate sobre un mejor gasto, más transparente, eficiente y responsable.

La propuesta del IMCO es parecida al peligroso populismo fiscal de Donald Trump. También tiene un aire populista como el que llevó a varios estados en México a disminuir el impuesto a la tenencia automotriz. Medidas eficaces en términos electorales, pero con efectos contraproducentes en el largo plazo. La tasa de ISR que paga el segmento contemplado en la propuesta del IMCO está lejos de ser abusiva (9 % – 10 %) y corresponde bien a la norma justa de que todos debemos pagar impuestos dentro de la medida de nuestras posibilidades (no como el IVA que se cobra por igual a todos sin importar nivel de ingreso). No olvidemos que debajo de este segmento de ingreso a los que se les quiere condonar el ISR, hay más de 60 millones de mexicanos que ya hoy están exentos de ese impuesto porque viven por debajo de la línea de la pobreza y/o sin empleos formales. Las contribuciones progresivas y escalonadas de los segmentos con mayores ingresos son necesarias para atender estos desbalances.

Reducir los impuestos a la clase media y a la clase media-baja no es la solución ante la precarización de los ingresos sufrida en los últimos años. En cambio incrementar los salarios y las prestaciones sociales SÍ lo es. Esta propuesta de alza salarial ya ha sido analizada por el propio el IMCO pero se niega a defenderla en público. La COPARMEX ha considerado alzas, pero realmente muy marginales. ¿Por qué? ¿Se compran los débiles argumentos inflacionarios asociados a una buena alza salarial? ¿Están atendiendo más las preocupaciones del costo de nómina de los patrones que los argumentos de los empleados que dicen querer ayudar?

La propuesta del IMCO pretende hacer responsable al fisco de compensar a la clase media-baja por el ingreso que ha perdido a lo largo de años, cuando deberían ser los empleadores los que tendrían que pagar este precio. Aquellos que emplean a la clase media y media baja han sido quienes se han beneficiado desproporcionadamente del crecimiento económico a costa de mantener a los trabajadores empobrecidos, con uno de los salarios mínimos más bajos del continente. La distribución funcional del ingreso en México es atípica, incluso comparada con otros países de América Latina. El pago al trabajo representa alrededor del 27 % del ingreso nacional mientras que el pago al capital representa el 73 %, cuando en el mundo las proporciones son inversas. México es el mundo al revés. Más aún, la mayor parte de la recaudación del Estado vía impuestos al ingreso proviene de ingresos laborales, mientras que los ingresos al capital no son gravados en la misma proporción.

Por todas estas razones creemos que reducir la tasa del ISR es mala idea. Llamamos a evitar desfondar la forma en que nuestros impuestos ayudan a los más de 60 millones que están aún más abajo de los niveles de ingreso en cuestión, afectar negativamente nuestra capacidad de disminuir la deuda pública, o de invertir en infraestructura útil de largo plazo de la que todos nos podemos beneficiar, incluyendo los empresarios.

Existe un camino más directo para favorecer a los hogares de ingresos medios y bajos: fortalecer mecanismos de alza de los castigados salarios mexicanos. Ya sea elevando el salario mínimo, permitiendo nuevos medios de negociación colectiva obrero-patronal y reformando aspectos del corporativismo sindical que han permitido el estancamiento salarial por décadas.

Como lo hemos dicho antes, lo volvemos a decir: ¡Arriba el salario! En esta época electoral, invitamos al IMCO y a la COPARMEX a debatir, y a que que se una al clamor por el alza salarial y no solo por la disminución fiscal.

Por un Estado sólido, justo y que sea de todos y no de unos cuantos contribuyentes.

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